jueves, 23 de abril de 2009

Pastillas.-

Giro delicadamente la perilla de mi puerta, no quiero despertar a nadie que pueda estar durmiendo, cosa que sé que es improbable, pero no importa, porque entro de todos modos, miro a mi alrededor y todo está tan… tan igual a como estaba ayer, me desilusiono, entonces es cuando mis ojos me advierten de algo, mi rostro tiene sabor a cansancio me dicen ellos, les respondo que a lo mejor la culpable fue la madrugada, la misma madrugada que hace que me despierte tarde todos los días y que no me deja dormir cuando tengo que hacerlo, pero no me quejo, me desquito, porque desquitarme con la mochila es mejor, por eso la tiro con furia a los pies de la cama sabiendo que es demasiado lejos de mi lugar de estudio y que más adelante tendré que levantarme y ponerla al lado mío para sacar mis cuadernos, pero es corta la distancia así que la dejo descansar allí después de tan brutal empujón y es que sólo son centímetros, me he esforzado kilómetros para realizar mis sueños y conseguir mis objetivos ¿Qué son unos cuántos centímetros? Pero el remordimiento no tarda en llegar, yo sé que cuando necesite un cuaderno me arrepentiré de haber tirado mi mochila tan lejos y tendré que pararme, hacer las paces con ella y traerla junto a mi , pero aún así no hago nada, así como he tenido que vivir arrepentido de algunos kilómetros que he avanzado, podré vivir arrepentido de esos centímetros, por lo mismo me siento en la cama, pensando que el momento de sacar un cuaderno de la mochila no ocurrirá jamás y sonrío por eso, porque es más fácil engañarnos que ver la realidad, pero cuando la realidad nos persigue para cobrar esos saldos impagos no quiero ni imaginar lo que les ha pasado ni recordar lo que me ha sucedido y es que ¿Será mejor tomarse la pastilla de la realidad o de la felicidad?.

Busco desesperadamente una manera de relajarme, prendo un incienso de opio en conjunto con mi computador, no quiero pensar más, he pensado en demasiados idiomas hoy como para atreverme a seguir haciéndolo, por eso recurro a un fiel amigo, mi reproductor de música, le indico que quiero el modo aleatorio, me acepta sin reprochar y con un suave click pongo play, me recuesto sobre la cama mirando ese extraño techo que me obliga a darme cuenta que estoy en un mundo diferente en el cual debo luchar sólo y cuando creo que sucumbiré en pensamientos que ahora no quiero tener suena estruendosamente una de mis canciones favoritas, el reproductor es un genio pienso, siempre sabe como darme paz y entre melodías islandesas y un denso humo de opio, me relajo, vuelo, hasta lo más profundo de mi inconsciente para sólo darme cuenta de que no puedo evitar pensar que a veces es mejor tomar la pastilla de la felicidad.

domingo, 19 de abril de 2009

Gracias.

Feliz, me encuentro feliz, de esa felicidad que está en tu garganta y no sabe salir, las cosas han resultado bien, no como esperaba, pero bien, no sé, no sé que escribir, sólo voy a decir, GRACIAS;
Es bueno estar aquí.-